El modelo de agricultura intensiva moderna ha presentado en Costa Rica y el resto del mundo serios problemas económicos y ecológicos por el uso indiscriminado de abonos nitrogenados y químicos en general, por lo que en los últimos años han cobrado fuerza diversas corrientes de agricultura orgánica que han ido evolucionando el concepto de agricultor que antes conocíamos; alojándose sobre una base agroecológica que promueve nuevos modelos de producción agropecuaria para lograr una agricultura de bajos insumos, inversiones y costos ecológicamente equilibrada, autosustentable y productiva (Alvarado y Navarro, 2005). En este sentido, los biofertilizantes e inoculantes microbianos son un componente vital de los sistemas sustentables, ya que constituyen un medio económicamente atractivo y ecológicamente aceptable de reducir los insumos externos y de mejorar la cantidad y calidad de los recursos internos (Acuña, 2003).
Dentro de estos biofertilizantes se encuentran las bacterias del género Azotobacter, las cuales están presentes en el suelo y al encontrarse en elevadas poblaciones en el agroecosistema se asocian al sistema radical de algunas especies vegetales y ocasionan una aceleración del desarrollo y un aumento del rendimiento en los cultivos, debido fundamentalmente a su capacidad de sintetizar sustancias biológicamente activas como auxinas, citoquininas, giberelinas, aminoácidos y vitaminas (Vancura, 1961; Brown et al., 1962; Dibut, 1988, Martínez et al., 1997 y González, 2000). Esta propiedad unida a la función de fijar el nitrógeno atmosférico, ha despertado el interés de numerosos investigadores por elevar el valor de poblaciones autóctonas de cada suelo.
Por esta razón, muchas de las técnicas biotecnológicas actuales se centran en la elaboración de productos biológicos como los biofertilizantes, con el fin de promover la agricultura orgánica y, evitar esta problemática ambiental y social que han causado los fertilizantes químicos. Por ello, Schmidt (2010) y el INA en la Chinchilla de Cartago -Especializado en Agricultura Orgánica- han aislado cepas promisorias de Azotobacter spp; que todavía no cuentan con una validación estadísticamente aceptada para la determinación de su capacidad fijadora de nitrógeno atmosférico. Es por esta razón, que dicho potencial debe ser estudiado holgadamente para la disponibilidad de un producto agrícola que sea de gran apoyo a nuestros agricultores; y esto se va a conseguir utilizando una cepa de cada autor en cuatro diferentes tratamientos -con cinco repeticiones cada uno- en ambiente controlado (invernadero) sobre la efectividad en el desarrollo de plántulas de Lactuca sativa (Lechuga), sobre un sustrato estéril (80% Tierra/ 20% Granza de arroz).
Es así que el desarrollar un estudio de validación de dos cepas aisladas de Costa Rica por estos dos autores, viene a abrir un trecho antes inexplorado, que al ser desarrollado en el INA busca fomentar la transmisión de todos los resultados obtenidos de esta investigación, alcanzando directamente al personal relacionado con el área de interés, nuestros agricultores. Esto porque El INA ubicado en la Chinchilla de Cartago, es el Centro Especializado en Agricultura Orgánica del País a beneficio de todos los agricultores.
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